Crónica de Covid-19

Anoche escuché rumores de que el alcalde de Houston daría órdenes más serias. "Stay at home" será mandatario, esta mañana se hizo realidad, estaremos así hasta el 3 de Abril. No he podido procesar nada, no me sobra el tiempo, a veces siento que estamos en una guerra biológica y todos lo sabemos, nadie habla de esto, algunas disocian, otros reactivan todos sus traumas mentales y algunos pocos tratan de estar en la tierra; a mi se me hace difícil ser parte de este último grupo, nunca lo he sido.

El camino para buscar mi auto en el estacionamiento es el único momento real de reflexión del día. Se siente muy extraño afuera y no sé si siempre fue así, adentro siempre fue extraño.

En la casa la familia crece y se reduce, tenemos reuniones, vemos los riesgos, nadie quiere dejarme sola aunque yo nunca esté. Existen miembros de la familia que se repiten con los años, hijos les llaman, sí, son mis hijos. Están casi presentes. Los hijos nos llenan de miedos, porque si mueres no te enteras, pero no puedes pretender salvar el mundo ajeno y el propio a la vez, sí, pretender puedes. De hecho, es lo único que puedes, pretender.

Seremos recordados como la generación del Virus.

Mi abuelo fue a Vietnam y escucho historias de la muralla China y el muro de Berlin. Nuestro síndrome post-traumatico será con nuestro sistema inmune y nuestra higiene.

Repaso lo aprendido, los consejos, mis vitaminas, mis rutinas, dos veces al día me toman la temperatura, las preguntas cambian con el día, una tarjeta de identificación que me salva y me pone en riesgo a la vez. Vuelvo y repaso, las manos, todo el protocolo, pero estoy segura que he olvidado algo, cómo cuando olvido responder mensajes y la gente se enoja, cómo cuando olvido las fechas importantes y él me las recuerda, cómo también me recuerda que no me toque el cabello y la cara y que descanse y otras cosas más. Otras cosas más.

Esta vez me siento parte de un solo lugar, la Tierra, se ha vuelto una, todos estamos sacando al que gobierna nuestra salud, nuestros miedos. Uniditos, poco se habla de lo que ya no importa, de repente el valor de los momentos y las cosas se transforman.

Hemos vivido lindo, recuerdo viajes, besos, caricias, buenos vinos, amigas, conversaciones, poesía, hijos. Falta mucho por vivir, me digo.

Alguna gente tose y/o estornuda, todos lo miran mal. Nadie dice nada. Todos somos sospechosos de nosotros mismos.

La ciudad me arropa. Todavía no sé que es ser esencial, por primera vez lo que estudié sirve de mucho, mucho. Tristemente.

Afortunadamente. Ambas.

Todavía no proceso las violaciones y abusos de los últimos días, cada día es peor, menos espacio, menos recursos, más violencia. Algunas compañeras que admiro se enferman, se sienten culpables por parar porque el Sistema te hace sentir culpable. Bebemos cafe para hablar del café y no de lo que vemos.

En la casa el vino se acabó y cerraron el gimnasio. Quedaron me digo. Queda la Yoga, el jazz, los libros.

Así pasan los días, los pacientes de cancer también me esperan, no nos abrazamos, me dicen que me quieren con la mirada, ya evitan preguntar cómo están. Todavía me llaman Ms. Miriam, todavía me sonríen, todavía me esperan y hablan de un mañana.

Todavía las mujeres hablan de sanar y de recuperar su vida cuando esto pase. Tienen ganas, creen en una que tiene los huesos partidos, creen en una que ya llora por dentro, creen en una todavía, y sonríen porque todo cambiará y te sueltan los hilos para que vuelvas más fuerte.

Hasta mañana te dicen, todavía. Hasta mañana Ms. Miriam. Todavía

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